Casi todos (y casi siempre de niños) hemos recibido un regalo con un envoltorio que nos crea unas expectativas que después, una vez abierto no se cumplen. Esto es algo aplicable a muchos aspectos de la vida, cuando hablamos de juegos también.
Personalmente estoy arto de juegos cuya única virtud es su “envoltorio”.
Quiero más juegos de verdad, estoy arto de cascarones.
17.4.06
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